TRIBUNA DE OPINIÓN
ROBERT LANQUAR
Mientras España celebra un nuevo éxito internacional de su industria turística y consolida su liderazgo como uno de los destinos más atractivos del mundo, al otro lado del Atlántico se está produciendo un fenómeno inédito: Estados Unidos, Canadá y México están perdiendo atractivo para una parte importante del turismo internacional. Más allá de factores económicos, las causas responden cada vez más a decisiones políticas y geopolíticas que están modificando los flujos turísticos en Norteamérica.
Paradójicamente, esta situación se produce en un contexto de crecimiento del turismo mundial. Según ONU Turismo, los viajes internacionales continuaron aumentando en 2025, confirmando la recuperación iniciada tras la pandemia. Sin embargo, Estados Unidos constituye una excepción. La llegada de Donald Trump de nuevo a la presidencia ha coincidido con un deterioro progresivo de la imagen del país como destino turístico, especialmente en mercados europeos.
Por ejemplo, a finales de mayo de 2026, las reservas de viajeros franceses hacia Estados Unidos, Canadá y México habían descendido un 26,2 % respecto al mismo periodo del año anterior. En el caso de Estados Unidos, la caída comenzó ya en enero de 2025, coincidiendo con el regreso de Trump a la Casa Blanca, y durante algunos meses de 2026 las ventas llegaron a situarse por debajo del 50 % respecto al año anterior.
Las razones son múltiples. El incremento del precio de la autorización electrónica ESTA, nuevas tasas de acceso a parques nacionales, mayores controles administrativos y determinadas propuestas relacionadas con la revisión de redes sociales han contribuido a generar una percepción menos favorable del destino. Pero, sobre todo, pesa el contexto político. Diversas encuestas realizadas en Francia muestran que una parte importante de los potenciales viajeros reconoce que la política estadounidense influye directamente en su decisión de no visitar el país.
A ello se suma el impacto de la creciente tensión internacional. La escalada del conflicto en Oriente Medio durante 2026 ha reforzado la percepción de inseguridad y ha acentuado una tendencia que ya venía produciéndose desde el año anterior.
Lo más interesante es que los efectos trascienden las fronteras estadounidenses. Canadá y México, profundamente integrados en los circuitos turísticos norteamericanos, también están sufriendo consecuencias, aunque por motivos diferentes.
En el caso de Canadá, la tradicional intensidad de los viajes con Estados Unidos se ha debilitado considerablemente. Las tensiones políticas entre ambos gobiernos y el endurecimiento del discurso hacia el vecino del norte han provocado una fuerte reducción de los desplazamientos de ciudadanos canadienses hacia Estados Unidos. El resultado ha sido una disminución continuada de los flujos transfronterizos, afectando a uno de los mayores corredores turísticos del mundo. Aunque Canadá ha intentado posicionarse como una alternativa más acogedora para los viajeros europeos, ese reposicionamiento aún no ha compensado la pérdida de movilidad con su principal mercado emisor y receptor.
México tampoco ha escapado a esta dinámica. Tras varios años de crecimiento, las ventas de viajes desde Francia descendieron cerca de un 30 %. Aunque el país mantiene un fuerte atractivo vacacional, la percepción regional se ha visto condicionada por la evolución política de Estados Unidos y por una menor demanda hacia el conjunto del espacio norteamericano.
La situación de Cuba resulta aún más preocupante. Las sanciones reforzadas por la Administración Trump han agravado la crisis económica de la isla hasta el punto de afectar directamente a su capacidad para recibir turistas. La salida de grandes cadenas hoteleras, especialmente las españolas Meliá e Iberostar, las dificultades de abastecimiento y la reducción de conexiones aéreas están provocando un desplome de la programación turística. Cuba se convierte así en una víctima colateral de decisiones geopolíticas adoptadas fuera de sus fronteras.
Mientras España continúa reforzando su posición como uno de los grandes líderes del turismo mundial gracias a la estabilidad, la calidad de su oferta y su capacidad de adaptación, Norteamérica afronta un escenario mucho más incierto. La evolución reciente demuestra que el turismo no solo depende de la competitividad de los destinos, sino también de la confianza que un país proyecta hacia el exterior. En un mundo donde viajar es cada vez más una decisión emocional, la geopolítica también se ha convertido en un factor decisivo para elegir destino.