TRIBUNA DE OPINIÓN
ROBERT LANQUAR
Desde hace décadas, Francia y España se disputan el liderazgo global del turismo. Históricamente, el país galo ha sido considerado durante muchos años el destino más visitado del mundo; sin embargo, tras el boom pospandemia, España ha quebrantado récords y apunta a superar a Francia como primer destino mundial, acercándose a la barrera de los 100 millones de visitantes en 2025, gracias a un crecimiento sostenido de la llegada de turistas internacionales especialmente a sus costas de sol y playa. Aunque Francia, donde el turismo representa cerca del 8 % del producto interior bruto, ha batido récords en los últimos años, los ingresos procedentes del turismo internacional aumentaron un 9 % en 2025, según los datos más recientes de ONU Turismo. En comparación con 2019, el crecimiento acumulado alcanza ya el 39 %, lo que confirma el notable dinamismo del sector turístico francés.
Esta competencia no es solamente cuantitativa, sino también cualitativa y estructural: mientras que ambos países tradicionalmente han competido por el volumen de turistas, la tendencia actual muestra que el crecimiento ya no se mide sólo en cifras brutas, sino en la calidad de la demanda, la sostenibilidad de los flujos y la diversificación territorial.
Un nuevo paradigma de la demanda turística pospandemia
La crisis del COVID-19 marcó un punto de inflexión: las restricciones globales inducidas por la pandemia provocaron una caída brutal del turismo internacional y, simultáneamente, estimularon un auge del turismo interior o doméstico. En Francia, por ejemplo, se observa que millones de ciudadanos optaron por recorrer su propio país, impulsando modalidades como el turismo ciclista o de naturaleza, tendencias que han ido creciendo de manera sostenida y apuntan a consolidarse como una forma de viajar que prioriza el contacto con el paisaje, la cultura local y una huella ambiental reducida.
Este fenómeno, lejos de ser efímero, está transformando patrones de consumo turístico: el turista moderno, tanto francés como español, ya no se conforma con destinos saturados de masas, sino que valora experiencias más íntimas e inmersivas, como senderismo, turismo rural, rutas culturales o enogastronómicas, escapadas de bienestar y vacaciones largas en espacios interiores. Dicho cambio refleja una demanda que huye del «turismo de masas» tradicional hacia opciones más responsables, lentas y respetuosas con el entorno, conceptos que en francés se agrupan bajo términos como slow tourism.
España: auge histórico y tensiones por el sobreturismo
El caso español ilustra de forma muy clara las tensiones actuales del turismo global. Tras la reapertura en 2022-2023 y la recuperación vigorosa de visitantes, España ha registrado cifras históricas de llegadas internacionales, particularmente impulsadas por el segmento de sol y playa. Sin embargo, este éxito también ha generado movimientos locales de rechazo al turismo masivo y protestas en ciudades.
Estas protestas evidencian que, en España, la demanda exterior masiva choca con necesidades internas de sostenibilidad y calidad de vida. En respuesta, administraciones públicas están empezando a introducir políticas que van desde el endurecimiento de la regulación de alquileres turísticos hasta tasas más altas para cruceristas o límites en la densidad de visitantes. Todo ello abre paso al desarrollo de un modelo turístico más equilibrado que reconcilie la atracción de visitantes internacionales con los intereses de las comunidades locales.
Francia: innovación, turismo interior y sostenibilidad
En Francia, aunque París y la Riviera-Côte d’Azur siguen siendo imanes para el turismo internacional, existe un impulso creciente hacia la diversificación territorial y la reconversión del turismo hacia experiencias más sostenibles. Un ejemplo paradigmático es el auge del ciclo-turismo, que en los últimos años ha experimentado un crecimiento notable como alternativa de bajo impacto ambiental, fomentado tanto por políticas públicas como por la demanda de viajeros que buscan actividades saludables en contacto con la naturaleza.
Una transición necesaria: hacia el turismo sostenible
Tanto Francia como España comparten la urgencia de redefinir el turismo desde la sostenibilidad. Por un lado, comunidades locales y movimientos sociales presionan para frenar las externalidades negativas del turismo masivo; por otro, gobiernos y operadores privados comienzan a promover ofertas que celebran el patrimonio interior, el turismo rural, las rutas culturales y enogastronómicas, y la movilidad lenta o activa.
Este cambio no solo atiende a cuestiones medioambientales, como la reducción de la huella de carbono de las actividades de transporte y de alojamiento y el uso responsable de recursos, sino también a necesidades económicas y sociales: diversificar mercados turísticos, incentivar la economía local fuera de los polos urbanos y costeros saturados, y fortalecer culturas regionales menos explotadas por el turismo tradicional.
La competencia entre Francia y España, lejos de ser una simple contienda por cifras de visitantes, se está transformando en una carrera por reinventar el turismo desde la sostenibilidad, la calidad experiencial y el equilibrio territorial. Eso se verá durante FITUR 2026, entre las promociones nacionales y los productos y servicios ofrecidos. Al mismo tiempo, se descubrirán los resultados globales de la OMT, que desde el 1 de enero de 2026 está dirigida por una mujer, la señora Shaikha Al Nowais.











