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Turismo y resiliencia económica de las ciudades altamente turísticas

Persona caminando con maleta amarilla en un aeropuerto moderno
La resiliencia económica se vuelve crucial para las ciudades turísticas. La diversificación es clave.

Cómo los grandes destinos buscan reducir su dependencia del visitante sin renunciar a su principal motor de crecimiento

Durante décadas, el éxito de un destino turístico se ha medido por el número de visitantes que era capaz de recibir. Cuantos más turistas llegaban, mayor parecía ser la fortaleza de su economía. Sin embargo, la pandemia de la COVID-19 puso en cuestión esa ecuación. El cierre de fronteras y la paralización de la movilidad internacional demostraron que numerosas ciudades habían construido un modelo excesivamente dependiente del turismo. Cuando desaparecieron los visitantes, también se desplomaron el empleo, el comercio, la hostelería y buena parte de la actividad económica local. 

Seis años después, la situación es muy distinta. El turismo mundial ha recuperado prácticamente los niveles anteriores a la pandemia e incluso los supera en muchos destinos. Pero la experiencia vivida ha dejado una enseñanza difícil de olvidar: una ciudad no puede basar toda su prosperidad en un único sector, por importante que este sea. La verdadera fortaleza ya no reside únicamente en atraer más turistas, sino en desarrollar la capacidad de resistir crisis económicas, sanitarias, climáticas o geopolíticas sin comprometer su estabilidad. Ese concepto recibe el nombre de resiliencia económica y se ha convertido en una de las nuevas prioridades de las políticas turísticas. La cuestión ya no es cuánto crece un destino, sino hasta qué punto está preparado para afrontar escenarios de incertidumbre manteniendo el empleo, la inversión y la calidad de vida de sus residentes. 

Cuando el éxito se convierte en vulnerabilidad 

Las ciudades más visitadas del mundo concentran una enorme capacidad de generación de riqueza. Barcelona, Venecia, París, Lisboa, Ámsterdam, Dubrovnik o Palma de Mallorca reciben cada año millones de visitantes que sostienen miles de empresas y centenares de miles de empleos. El turismo representa en muchos casos uno de los principales motores económicos de estas áreas urbanas. 

Sin embargo, esa especialización también implica riesgos. Cuando una parte muy significativa del PIB local depende de la llegada constante de viajeros, cualquier alteración de la movilidad internacional puede tener consecuencias inmediatas sobre toda la economía urbana. La pandemia fue el ejemplo más evidente, pero no constituye el único escenario posible. Las crisis energéticas, los conflictos internacionales, la inflación, los fenómenos meteorológicos extremos o incluso cambios en las preferencias de los consumidores pueden alterar significativamente los flujos turísticos. La resiliencia consiste precisamente en reducir esa vulnerabilidad sin perder competitividad. 

Diversificar para proteger el crecimiento 

Los destinos más avanzados están comenzando a desarrollar estrategias que combinan el fortalecimiento del turismo con la diversificación económica. El objetivo no consiste en reducir el peso del sector turístico, sino en favorecer el crecimiento de actividades complementarias capaces de amortiguar futuras crisis. 

La economía digital, las industrias creativas, la investigación biomédica, la economía azul, la innovación tecnológica, la formación universitaria internacional o los servicios empresariales empiezan a desempeñar un papel cada vez más importante en numerosas ciudades turísticas. De esta forma, el turismo continúa siendo un gran motor económico, pero deja de ser prácticamente el único. La diversificación también fortalece el empleo. Las ciudades con una estructura productiva más equilibrada suelen recuperarse con mayor rapidez tras las crisis y ofrecen oportunidades laborales más estables durante todo el año. 

El turismo también necesita resiliencia empresarial 

La resiliencia económica no depende únicamente de las administraciones públicas. Las propias empresas turísticas están modificando sus estrategias. Hoteles, agencias de viajes, empresas de transporte y operadores turísticos buscan diversificar mercados emisores para reducir la dependencia de un reducido número de países. También amplían productos, incorporan nuevos segmentos de clientes y desarrollan actividades menos estacionales. 

El turismo de congresos, el deportivo, el gastronómico, el sanitario o el cultural permiten mantener niveles de actividad durante buena parte del año, reduciendo la excesiva concentración estival que caracteriza a numerosos destinos. Al mismo tiempo, la digitalización mejora la capacidad de adaptación empresarial. El análisis de datos, la inteligencia artificial y las plataformas de gestión permiten anticipar cambios en la demanda, optimizar precios y responder con mayor rapidez a situaciones imprevistas. La capacidad para adaptarse se convierte así en un activo competitivo. 

Los residentes también forman parte de la resiliencia 

Durante muchos años, la planificación turística se centró casi exclusivamente en el visitante. Hoy resulta evidente que ningún destino puede mantener su atractivo si deteriora progresivamente la calidad de vida de quienes residen en él. La dificultad de acceso a la vivienda, la congestión del espacio público, la presión sobre los servicios urbanos o el incremento del coste de vida pueden generar rechazo social hacia el turismo y debilitar la estabilidad del propio destino. 

La resiliencia económica exige equilibrar los beneficios del turismo con el bienestar de la población local. Ello implica mejorar la movilidad, reforzar los servicios públicos, proteger el comercio de proximidad, impulsar políticas de vivienda y favorecer que la riqueza generada por el turismo se distribuya de forma más amplia entre el conjunto de la economía local. Un destino socialmente equilibrado resulta también más competitivo a largo plazo. 

La tecnología como herramienta de anticipación 

La inteligencia artificial y el análisis predictivo comienzan a desempeñar un papel fundamental en la gestión de la resiliencia. Los destinos turísticos disponen hoy de información en tiempo real sobre movilidad, ocupación hotelera, gasto turístico, comportamiento de los visitantes o utilización de infraestructuras. 

Estos datos permiten anticipar episodios de saturación, redistribuir flujos, planificar inversiones y responder con mayor rapidez ante posibles alteraciones del mercado. La gestión turística deja de basarse únicamente en estadísticas históricas para apoyarse en sistemas de información dinámicos que facilitan decisiones mucho más precisas. La resiliencia depende cada vez más de la capacidad para anticiparse antes que reaccionar. 

España ante el desafío de consolidar un liderazgo sostenible 

España constituye uno de los grandes referentes turísticos mundiales y, precisamente por ello, también uno de los países donde este debate adquiere mayor relevancia. El turismo aporta una parte esencial de la actividad económica, del empleo y de la proyección internacional del país. Esa fortaleza debe preservarse, pero también reforzarse mediante un modelo más diversificado y resistente. La inversión en innovación, digitalización, formación profesional, infraestructuras inteligentes y sostenibilidad permitirá aumentar el valor añadido del sector sin depender exclusivamente del crecimiento continuo del número de visitantes. 

Al mismo tiempo, muchas ciudades españolas están incorporando estrategias de resiliencia urbana que integran turismo, planificación territorial, vivienda, movilidad y desarrollo económico en una misma política pública. El objetivo no consiste en recibir menos turistas, sino en gestionar mejor su impacto y garantizar que el sector continúe siendo un factor de prosperidad durante las próximas décadas. 

El futuro pertenece a los destinos que mejor se adapten 

El turismo seguirá siendo una de las grandes industrias de la economía mundial. El deseo de viajar continúa creciendo y la recuperación internacional demuestra la enorme fortaleza del sector. Sin embargo, los próximos años estarán marcados por una incertidumbre creciente derivada de factores geopolíticos, climáticos, tecnológicos y económicos. 

En ese contexto, la ventaja competitiva ya no dependerá únicamente de disponer de playas, patrimonio histórico o excelentes infraestructuras hoteleras. Los destinos más sólidos serán aquellos capaces de adaptarse rápidamente a los cambios, diversificar su economía, proteger a sus residentes y mantener la confianza de empresas e inversores. La resiliencia económica deja de ser un concepto reservado a la gestión de crisis para convertirse en un nuevo criterio de competitividad turística. Las ciudades que comprendan esta transformación no solo resistirán mejor los periodos de incertidumbre, sino que estarán en mejores condiciones para liderar el turismo internacional durante las próximas décadas. 

Claves del sector 

  • La resiliencia económica se convierte en un nuevo indicador de competitividad turística.Las ciudades altamente dependientes del turismo buscan reforzar su capacidad para afrontar crisis sanitarias, económicas o geopolíticas sin comprometer el empleo ni la actividad empresarial.
  • La diversificación económica y la innovación son las principales herramientas para reducir la vulnerabilidad de los destinos.El desarrollo de nuevos sectores productivos, junto a un turismo más desestacionalizado y de mayor valor añadido, fortalece la estabilidad de las economías locales.
  • España tiene la oportunidad de consolidar un modelo turístico más resistente y sostenible.La integración de digitalización, planificación urbana, bienestar de los residentes y gestión inteligente de los destinos permitirá mantener el liderazgo internacional en un escenario cada vez más competitivo e incierto.

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