Introducción
En muchas economías emergentes, el turismo se ha consolidado como uno de los principales motores de crecimiento, empleo y entrada de divisas. Para algunos países, representa una parte sustancial del PIB y de la actividad económica. En 2026, esta dependencia se percibe al mismo tiempo como una fortaleza y como una vulnerabilidad estructural. La exposición a crisis globales, cambios en la demanda y tensiones geopolíticas plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de modelos económicos excesivamente apoyados en el turismo. Analizar esta realidad es clave para entender los riesgos y oportunidades del sector a escala global.
El turismo como vía rápida de desarrollo
El turismo ofrece a las economías emergentes una vía relativamente rápida para integrarse en la economía global. Requiere menos inversión inicial que otros sectores y genera empleo intensivo. En 2026, muchos países han apostado por el turismo como pilar central de su estrategia de desarrollo. Sin embargo, esta apuesta suele concentrarse en modelos poco diversificados, altamente sensibles a factores externos. La dependencia del turismo se convierte así en una estrategia de alto rendimiento, pero también de alto riesgo.
Vulnerabilidad ante crisis globales
La pandemia, los conflictos geopolíticos y las crisis económicas recientes han demostrado la fragilidad de los países excesivamente dependientes del turismo. En 2026, esta vulnerabilidad sigue presente. Una caída brusca de visitantes tiene efectos inmediatos sobre empleo, ingresos públicos y estabilidad social. A diferencia de otras actividades, el turismo responde con rapidez a la incertidumbre global. Para las economías emergentes, esta volatilidad puede traducirse en ciclos de crecimiento y colapso difíciles de gestionar.
Dependencia externa y pérdida de valor añadido
Otro riesgo estructural es la dependencia de operadores internacionales y de cadenas de valor externas. En muchos destinos emergentes, gran parte del valor generado por el turismo se fuga fuera del país, limitando su impacto real en el desarrollo local. En 2026, el debate se centra en cómo aumentar el valor añadido interno: fortalecer empresas locales, mejorar la formación y diversificar la oferta. Sin estos pasos, el turismo puede convertirse en una actividad intensiva en recursos, pero limitada en beneficios estructurales.
Diversificación económica: una asignatura pendiente
La diversificación económica es el gran reto para los países que basan gran parte de su PIB en el turismo. En la práctica, sin embargo, esta diversificación avanza lentamente. El éxito turístico tiende a reforzar la dependencia, desviando inversión y talento de otros sectores. En 2026, algunos países comienzan a plantear estrategias para utilizar el turismo como palanca hacia actividades complementarias, como la economía creativa, la agroindustria o los servicios. El desafío es evitar que el turismo se convierta en un monocultivo económico.
Sostenibilidad social y ambiental
La presión turística también tiene implicaciones sociales y ambientales especialmente relevantes en economías emergentes. Infraestructuras limitadas, marcos regulatorios débiles y desigualdad social amplifican los impactos negativos. En 2026, la sostenibilidad deja de ser un elemento accesorio para convertirse en una condición de supervivencia del modelo. La gestión responsable del turismo es clave para evitar conflictos sociales y deterioro ambiental que comprometan el futuro del sector.
Claves del tema
Contexto:
El turismo es un pilar central del crecimiento en muchas economías emergentes en 2026.
Implicaciones:
La alta dependencia expone a estos países a crisis globales y limita su resiliencia económica.
Perspectivas:
El reto pasa por diversificar, retener más valor local y construir modelos turísticos más estables y sostenibles.
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