TRIBUNA DE OPINIÓN
ROBERT LANQUAR
El turismo europeo se adentra en el verano de 2026 bajo un clima de incertidumbre que amenaza con reconfigurar los hábitos de viaje. La persistencia del conflicto en Oriente Medio, unida al encarecimiento del queroseno y de los carburantes, está generando tensiones que ya afectan al mercado turístico, especialmente en el transporte aéreo.
Aunque el sector evita, por ahora, conclusiones definitivas, los indicadores apuntan en una dirección clara: el refuerzo del turismo de proximidad como respuesta tanto a la subida de precios como a la percepción de inseguridad internacional. Las reservas se mantienen dinámicas, pero con un sesgo creciente hacia destinos cercanos, accesibles y percibidos como más estables.
Por ejemplo, en Francia, cerca del 70% de los usuarios de plataformas como Airbnb optan por destinos dentro del propio país, una tendencia que podría generalizarse en otros mercados europeos si se mantiene la presión sobre los costes del transporte. El viajero no renuncia a desplazarse, pero sí ajusta sus decisiones, priorizando estancias más cortas, más frecuentes y más cercanas.
El transporte aéreo tensiona el modelo turístico
El factor determinante de este cambio es el encarecimiento del transporte aéreo. Las aerolíneas, afectadas por el aumento del precio del combustible, han comenzado a aplicar nuevos recargos que incrementan el coste final de los billetes. Esta situación impacta directamente en la demanda, especialmente en la larga distancia, más sensible a las variaciones de precios.
El resultado es un freno potencial a los viajes intercontinentales, que podrían perder peso durante la temporada estival a favor de los desplazamientos intraeuropeos. Este repliegue no solo afecta a los viajeros, sino también a los destinos que dependen en gran medida de estos flujos, especialmente en Asia, América Latina o determinadas regiones africanas.
Se consolida así una cierta “regionalización” del turismo, en la que Europa refuerza su papel como principal espacio de movilidad para sus propios ciudadanos. Un fenómeno que, de prolongarse, podría tener efectos estructurales en la configuración del mapa turístico global.
En paralelo, los destinos rurales y de naturaleza emergen como los más beneficiados en esta situación. La montaña y el medio rural ganan atractivo como alternativas accesibles, menos masificadas y alineadas con una demanda creciente de contacto con el entorno natural. El auge de las actividades al aire libre refuerza esta tendencia, especialmente entre los segmentos más jóvenes, aunque sin convertirse en el único motor de decisión.
Proximidad y sostenibilidad: hacia un nuevo paradigma
Más allá de la coyuntura, el auge del turismo de proximidad responde a una transformación más profunda del modelo turístico. En mi libro Rethinking Travel and Tourism (Ethics International Press), planteo la necesidad de evolucionar hacia un sistema más equilibrado, sostenible y vinculado a los territorios.
En el prólogo de esta obra, Eugenio de Quesada subraya que el turismo “debe repensarse para adaptarse a un entorno cada vez más incierto”, en el que la proximidad, la resiliencia y la sostenibilidad se consolidan como ejes estratégicos. Esta reflexión adquiere especial relevancia en un contexto como el actual, donde las crisis geopolíticas y económicas actúan como aceleradores del cambio.
En este escenario, destinos como Córdoba encuentran una oportunidad singular. Su designación como Capital Mediterránea de la Cultura y el Diálogo 2027, refuerza una estrategia basada en el patrimonio, la convivencia y la calidad de la experiencia, elementos que encajan con las nuevas expectativas del viajero europeo.
La proximidad deja de ser únicamente una cuestión geográfica para convertirse en un concepto más amplio, que incluye la cercanía cultural, la autenticidad y la conexión con el territorio. Este enfoque permite construir una propuesta turística diferenciada, alineada con los principios del turismo responsable y con una demanda cada vez más exigente.
El verano de 2026 se perfila como un momento clave para el sector. Más que una temporada marcada por la incertidumbre, puede representar un punto de inflexión en la evolución del turismo, acelerando tendencias que apuntan a un modelo menos dependiente de la larga distancia y más centrado en el valor, la experiencia y la sostenibilidad.
En definitiva, el turismo de proximidad deja de ser una solución coyuntural para consolidarse como uno de los pilares del nuevo escenario turístico; mientras que los viajes de larga distancia afrontan un futuro más incierto, condicionado por factores que van mucho más allá del propio sector.