El agente de viajes, optimista por naturaleza, espera con creciente preocupación la llegada de las ventas de verano, que son las que determinan en gran medida el resultado final del ejercicio. Y, tras el descalabro del verano pasado, muchos empresarios y profesionales dudan de su capacidad para poder resistir otro mal verano.
La fuerte depresión que sufre la demanda emisora, con una caída del consumo de viajes y vacaciones que no termina de tocar fondo, divide las agencias en dos grupos: las que han hecho a tiempo sus deberes (con severos ajustes de gastos y adecuación de su estructura), y las que tardaron en reaccionar (ante la expectativa de que la crisis no iba a durar) postergando el necesario ajuste.
Ante la imposibilidad de incidir en los ingresos e incrementar la facturación, muchas agencias han cuadrado los balances de estos dos últimos ejercicios mediante la poda (constante y sistemática) de toda su estructura de costes. Incluyendo, especialmente, la reducción de plantilla y el cambio o renegociación de locales. Cuestión aparte es el estado de tesorería, los recursos de que dispone cada casa y el patrimonio para avalar la financiación, de los que depende la opción acceder al oxígeno necesario para sobrevivir.
La ansiada recuperación del consumo de viajes y vacaciones, digan lo que digan los datos oficiales, está en relación con el factor psicológico: hasta los funcionarios han reducido el gasto, pese a que mantienen su poder adquisitivo y no ven amenazados sus ingresos. Pero también depende del difícil despegue de nuestra economía, que más que plomo parece tener ladrillos en las alas a causa del fiasco inmobiliario, que le impiden poder remontar el vuelo.
Al final, por tanto, la senda de la recuperación está tanto o más en lo que se ha hecho de puertas hacia dentro, que en nuestro entorno y la coyuntura. De ahí la importancia de que los agentes, especialmente en las asambleas y congresos de los Grupos comerciales y Asociaciones empresariales, analicen con ayuda de expertos las fórmulas y sistemas más convenientes para adaptar la gestión interna a estos difíciles tiempos.
Aunque es casi seguro que el receptivo respirará este verano, a causa de la recuperación de los mercados alemán y francés, está por ver si el emisor entrará en la senda de la recuperación, aunque sea tímidamente.
Aplicando una auténtica economía de guerra y sometido a un ajuste de costes espartano, el agente de viajes emisor confía en la recuperación de la demanda y que la misma crisis modere una guerra de precios entre grandes redes, que ha hecho desaparecer el margen. Ahora, la clave es ver cuando toca fondo la demanda, y el Sector entra en la senda de la ansiada recuperación.
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