martes 17 marzo 2026

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Nuevas incertidumbres sobre el turismo internacional

La guerra desencadenada con Irán ha provocado una sacudida inmediata en el sistema turístico internacional. En apenas cuatro días se cancelaron alrededor de 19.000 vuelos, según datos del proveedor de análisis aeronáutico Cirium.
Destino en Oriente Medio.

TRIBUNA DE OPINIÓN

ROBERT LANQUAR 

Durante décadas, el turismo internacional se construyó sobre una premisa que parecía sólida: la estabilidad relativa del mundo. Los conflictos regionales y las crisis económicas existían, pero el sistema global de movilidad turística seguía funcionando como una maquinaria resiliente. Hoy esa percepción comienza a cambiar. Los acontecimientos recientes en Oriente Medio muestran hasta qué punto el turismo mundial ha entrado en una nueva fase de incertidumbre estructural. 

La guerra desencadenada con Irán ha provocado una sacudida inmediata en el sistema turístico internacional. En apenas cuatro días se cancelaron alrededor de 19.000 vuelos, según datos del proveedor de análisis aeronáutico Cirium, afectando a uno de los nodos más estratégicos del transporte aéreo global: el Golfo Pérsico.  El impacto no es anecdótico. El Golfo se ha convertido en una de las principales plataformas de conexión entre Europa, Asia y África. Según estimaciones del sector, alrededor del 14% del tráfico aéreo mundial transita por los aeropuertos de esta región, que se han convertido en escalas esenciales gracias a sus aerolíneas de gran capacidad y a precios competitivos.  

Turistas atrapados en el nuevo tablero geopolítico 

La crisis ha tenido también una dimensión humana muy visible. Miles de turistas han quedado atrapados en Dubái y otros destinos del Golfo tras el cierre parcial del espacio aéreo y los ataques con misiles y drones en la región.  Esta situación ilustra hasta qué punto el turismo internacional depende hoy de una red extremadamente compleja de infraestructuras logísticas, aeropuertos hub y conexiones aéreas intercontinentales. Cuando esa red se interrumpe, incluso durante unos días, las consecuencias se multiplican. 

La crisis es aún más significativa porque llega en un momento de expansión turística en Oriente Medio. En 2025, la región recibió 100 millones de turistas internacionales, un crecimiento del 39 % respecto a 2019, impulsado por la rápida expansión hotelera y aérea de países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí u Omán. Solo Dubái y Abu Dabi sumaron cerca de 25 millones de visitantes el año pasado. 

Este crecimiento se apoyaba en varios factores: hoteles de alta gama a precios competitivos, infraestructuras aeroportuarias gigantescas y una oferta turística espectacular basada en parques temáticos, turismo de lujo y experiencias en el desierto. 

Sin embargo, la guerra introduce una variable que el turismo detesta: la incertidumbre.  Los analistas de Tourism Economics estiman que las llegadas internacionales al Medio Oriente podrían caer entre un 11% y un 27% en 2026, lo que supondría una pérdida de entre 29 y 48 millones de turistas respecto a las previsiones iniciales. En términos económicos, el impacto podría situarse entre 34.000 y 56.000 millones de dólares en gasto turístico perdido. 

El turismo como indicador geopolítico 

Lo que está ocurriendo en el Golfo es un recordatorio de una realidad que el sector a veces prefiere ignorar: el turismo es extremadamente sensible a la geopolítica. El turismo es uno de los primeros sectores en reaccionar, pero también uno de los primeros en recuperarse… siempre que la estabilidad regrese. La historia ofrece ejemplos claros. La guerra del Golfo de 1990-1991 provocó una fuerte caída del turismo internacional hacia Oriente Medio, seguida de varios años de recuperación lenta. 

Hoy el sistema turístico es aún más interdependiente. Los grandes hubs del Golfo no son solo destinos; son nodos de conexión mundial. Si Dubái o Doha reducen su actividad, los efectos se sienten en Europa, Asia o África. 

Esta crisis confirma que el turismo internacional ha entrado en una etapa de mayor fragilidad estructural, con tres factores que explican esta nueva situación: la concentración de infraestructuras, especialmente el transporte aéreo; la aceleración de las crisis y la creciente politización del turismo (los Estados utilizan cada vez más el turismo como instrumento económico y diplomático).En este contexto, el turismo internacional se convierte en un barómetro del estado del mundo. 

A corto plazo, algunos analistas creen que Europa podría beneficiarse parcialmente de la crisis si los viajeros deciden evitar Oriente Medio. 

Sin embargo, esta ventaja sería relativa. Si el conflicto se prolonga y provoca un aumento del precio de la energía o una ralentización económica global, todo el sector turístico podría verse afectado. 

El turismo seguirá creciendo a largo plazo, impulsado por el aumento de las clases medias globales y la expansión del transporte aéreo. Pero ese crecimiento será cada vez más irregular. En otras palabras, el turismo internacional entra en una nueva fase: la de la incertidumbre permanente. En este contexto, la capacidad de adaptación de las empresas, de los destinos y de la gobernanza será la verdadera clave de la competitividad turística. 

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