Los campamentos de verano en el extranjero se posicionan como una de las principales vías de acceso
El sector de los viajes de estudio en el extranjero atraviesa una fase de crecimiento sostenido, impulsado por una transformación estructural en la demanda que está redefiniendo la percepción de estas experiencias. Según Giocamondo Study, las estancias formativas internacionales han dejado de considerarse un gasto puntual para consolidarse como una inversión estratégica en la educación.
Este cambio de enfoque se produce en un contexto en el que España ha reforzado su posicionamiento como destino global, tras recibir más de 600.000 estudiantes internacionales en el curso 2022-2023, con un impacto económico superior a los 6.300 millones de euros, según datos de APUNE y SEP.
El crecimiento del sector se apoya en diferentes líneas de actividad, desde programas de año escolar en el extranjero hasta estancias lingüísticas o campamentos de verano. En el caso del año académico internacional, las previsiones de ASEPROCE apuntan a que cerca de 20.000 estudiantes españoles participarán en estos programas en 2026, consolidando una demanda cada vez más estructural.
A ello se suma el dinamismo del turismo idiomático en España, que alcanzó en 2025 los 177.576 estudiantes internacionales, un 12,77 % más que el año anterior, generando un impacto económico de 475 millones de euros. Este crecimiento refuerza el papel del país dentro del ecosistema global de la educación internacional.
Dentro de este contexto, los campamentos de verano en el extranjero se posicionan como una de las principales vías de acceso a este tipo de experiencias, gracias a su formato flexible y menor barrera de entrada. En paralelo, se observa una mayor diversificación en la duración de las estancias y un creciente interés por entornos multiculturales que favorecen el aprendizaje inmersivo.
Cambio de mentalidad
El auge del sector no solo responde a un incremento de la demanda, sino a un cambio profundo en la mentalidad de las familias, que valoran cada vez más el impacto a largo plazo de estas experiencias. Programas como el año escolar en el extranjero se consolidan como propuestas formativas integrales que combinan educación académica, desarrollo personal y adquisición de competencias clave como el dominio de idiomas, la autonomía o la capacidad de adaptación.
España se posiciona así como uno de los mercados con mayor potencial en Europa, con entre 16.000 y 18.000 estudiantes que cada año cursan parte de su formación fuera del país. Aunque los destinos anglófonos como Reino Unido, Estados Unidos, Canadá e Irlanda siguen concentrando la mayor parte de la demanda, se aprecia una evolución hacia programas más personalizados, con mayor énfasis en la calidad, el acompañamiento y la adaptación a objetivos educativos concretos.
La digitalización del proceso de decisión también está marcando esta evolución, facilitando el acceso a la información y elevando el nivel de exigencia de las familias en aspectos como la seguridad, la asistencia y la calidad de los programas. En conjunto, estos factores consolidan un mercado en expansión, cada vez más profesionalizado y orientado al valor formativo de la experiencia internacional.