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El euro digital: una oportunidad para reforzar la competitividad del turismo español

Representación digital del euro.

TRIBUNA DE OPINIÓN 

ROBERT LANQUAR

La transformación digital de la economía europea dará un nuevo paso durante los próximos años con el desarrollo del euro digital, la moneda electrónica que prepara el Banco Central Europeo (BCE). Aunque su puesta en circulación no se prevé antes de 2029, tras una fase piloto prevista para 2027, el proyecto ya está generando un intenso debate entre bancos, empresas y consumidores. Para el sector turístico español, el euro digital podría representar mucho más que un nuevo medio de pago: puede convertirse en un elemento estratégico para mejorar la competitividad, reforzar la soberanía tecnológica europea y facilitar la experiencia del viajero. 

A diferencia de las tarjetas bancarias o de las aplicaciones privadas de pago, el euro digital será una moneda pública, emitida directamente por el Banco Central Europeo, con el mismo valor que el efectivo. No sustituirá a los billetes y monedas, sino que coexistirá con ellos. Los ciudadanos podrán utilizarlo para pagar en establecimientos físicos, realizar compras online o transferir dinero entre particulares, incluso sin conexión a Internet gracias a sistemas de pago offline mediante teléfonos móviles o tarjetas inteligentes. 

Su principal objetivo es reforzar la autonomía europea en un mercado de pagos dominado por operadores internacionales como Visa, Mastercard o Apple Pay. Actualmente, buena parte de las transacciones electrónicas que realizan millones de turistas en Europa dependen de infraestructuras tecnológicas estadounidenses. El euro digital pretende ofrecer una alternativa paneuropea, garantizada por la BCE, con un mayor control sobre la seguridad de los datos y la protección de la privacidad conforme a la normativa europea. 

Para España, donde el turismo representa cerca del 13 % del PIB y recibe cerca de 100 millones de visitantes internacionales al año, las implicaciones son especialmente relevantes. La experiencia del cliente comienza mucho antes de llegar al destino y continúa durante toda la estancia. Poder realizar pagos inmediatos, seguros y homogéneos en toda la zona euro simplificará la experiencia del viajero y reducirá algunas de las fricciones que todavía existen entre diferentes sistemas nacionales de pago. 

El sector hotelero será uno de los principales beneficiarios. Las reservas, los depósitos, los pagos durante la estancia o los servicios complementarios podrían realizarse mediante un sistema europeo con liquidación prácticamente instantánea. Esto facilitaría la gestión de tesorería de hoteles, agencias de viajes, empresas de alquiler de vehículos o actividades turísticas, reduciendo además determinados costes asociados a las redes internacionales de tarjetas. 

Otro aspecto especialmente interesante es la creciente digitalización de la experiencia turística. Los hoteles inteligentes, los destinos turísticos inteligentes y las plataformas digitales integran cada vez más servicios en una única aplicación: check-in online, apertura de habitaciones mediante el teléfono móvil, contratación de actividades, restauración o movilidad urbana. El euro digital podría integrarse de forma natural en estos ecosistemas, ofreciendo un medio de pago homogéneo para todos los servicios del viaje. 

España, además, se encuentra en una posición privilegiada para aprovechar esta evolución. El elevado grado de digitalización del sector turístico, el desarrollo de los destinos turísticos inteligentes impulsados por Segittur y la rápida adopción de los pagos móviles constituyen una base sólida para incorporar esta nueva infraestructura monetaria cuando entre en funcionamiento. 

Sin embargo, el proyecto también plantea desafíos. El primero será tecnológico. Bancos, empresas turísticas y proveedores de servicios deberán adaptar sus sistemas para aceptar el euro digital. También existen interrogantes sobre la aceptación por parte de los consumidores. Aunque el euro digital ofrecerá ventajas evidentes en materia de seguridad y estabilidad, muchos ciudadanos consideran que los actuales sistemas de pago ya funcionan correctamente. Su éxito dependerá, por tanto, de que aporte un verdadero valor añadido en términos de rapidez, sencillez y confianza. 

Otro aspecto relevante afecta a la competencia internacional. Mientras Estados Unidos impulsa el desarrollo de los stablecoins respaldados por el dólar y China avanza con el yuan digital, Europa busca preservar su soberanía monetaria mediante una moneda digital pública. Esta dimensión geopolítica no es menor para el turismo. Un sistema europeo de pagos menos dependiente de operadores externos aumentaría la resiliencia del sector ante posibles tensiones internacionales o interrupciones de los sistemas privados. 

La privacidad constituye otro de los elementos más debatidos. La BCE insiste en que el euro digital respetará plenamente la legislación europea de protección de datos y que los pagos realizados sin conexión conservarán un elevado nivel de confidencialidad. Al mismo tiempo, la trazabilidad de las operaciones permitirá combatir con mayor eficacia el fraude, el blanqueo de capitales y determinadas actividades ilícitas, un aspecto especialmente relevante en un sector donde confluyen millones de transacciones internacionales cada año. 

En definitiva, el euro digital no debe interpretarse únicamente como una innovación financiera. Representa una nueva infraestructura estratégica para la economía europea. Para el turismo español, puede convertirse en un instrumento que facilite la movilidad, reduzca costes, mejore la experiencia del visitante y refuerce la posición de Europa en la economía digital. 

Las empresas turísticas harían bien en comenzar a seguir de cerca su evolución. Como ocurrió con las reservas online, los pagos móviles o la inteligencia artificial, quienes se adapten antes estarán en mejores condiciones para aprovechar una transformación que probablemente marcará la próxima década del turismo europeo.

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