Cada vez más viajeros optan por reducir el uso de la tecnología durante sus vacaciones mediante mapas de papel, cámaras analógicas, cuadernos de viaje o rutas sin GPS. Esta tendencia responde al interés por vivir experiencias más pausadas y conscientes, una práctica que, según la psicóloga clínica especializada en regulación emocional Lola Gómez, refleja la necesidad de recuperar una atención cada vez más fragmentada por la hiperconectividad.
Para la especialista, el objetivo no es realizar un «detox digital», sino «restaurar nuestra ecología de la atención». Gómez sostiene que, al igual que se cuidan aspectos como la alimentación o el descanso, también es necesario prestar atención al entorno en el que se desarrolla la capacidad de concentración. A su juicio, el cerebro no está preparado para mantener un flujo constante de notificaciones, imágenes e información, ya que «la atención es un recurso biológico limitado» y las interrupciones continuas generan un impacto acumulativo sobre el sistema nervioso.
La psicóloga explica que disminuir la exposición a estímulos constantes permite abandonar el estado de alerta permanente en el que muchas personas permanecen durante gran parte del año. Según señala, cuando se reduce la competencia por la atención no solo descansan los ojos al dejar de mirar una pantalla, sino también el sistema nervioso.
En este contexto, acciones como escribir en un cuaderno, utilizar una cámara analógica o pedir indicaciones a otras personas modifican la forma de experimentar un viaje. Gómez considera que estas actividades requieren una participación más activa y favorecen una mayor presencia en el momento, lo que influye tanto en el bienestar como en el recuerdo posterior de la experiencia.
Regulación emocional
La especialista también apunta que un viaje puede convertirse en una herramienta de regulación emocional cuando modifica temporalmente el contexto en el que funciona el sistema nervioso. Caminar más, reducir la sobrecarga informativa, pasar tiempo en espacios naturales o seguir ritmos menos acelerados contribuye, según explica, a disminuir la hiperactivación y aumentar la sensación de seguridad, aunque matiza que el viaje no elimina el estrés, sino que permite experimentar cómo se siente una mente menos saturada.
No obstante, Gómez advierte de que la tecnología no debe entenderse como un elemento negativo, sino como una herramienta cuyo uso debe ser consciente. En este sentido, considera que es posible recurrir a un mapa digital para orientarse y guardar posteriormente el teléfono durante el paseo. A su juicio, el auge de los viajes analógicos pone de manifiesto una necesidad de gestionar mejor la atención en la vida cotidiana, más que la búsqueda de una desconexión absoluta de las pantallas.