La diversificación de sus fuentes de ingresos será clave
Los aeropuertos europeos se adentran en una nueva etapa de gran inversión: la modernización de sus instalaciones, la descarbonización y la expansión operativa requerirán hasta 360.000 millones de euros en las próximas décadas y sólo los 10 grandes aeródromos del continente necesitarán invertir un total de 36.000 millones de euros en los próximos cinco años.
Este exigente proceso se enmarca además en un momento de cambio para la industria aérea. Según Olivier Jankovec, director general de ACI Europe, los aeropuertos necesitan desvincular la viabilidad financiera y la capacidad de inversión del crecimiento del volumen de pasajeros, un modelo de negocio que les ha servido durante décadas, pero que ya no se considera “fiable ni suficiente”.
‘La gran desvinculación’, como denomina Jankovec a este reto, hace referencia a una fase en la que los costes operativos y las obligaciones regulatorias crecen cada vez más, mientras se prevé que el crecimiento del tráfico se modere y la presión competitiva siga aumentando, lo que dificultará considerablemente el crecimiento de los ingresos y por tanto requerirá apartarse de ese modelo de negocio.
De no adoptarse medidas, según un análisis de Boston Consulting Group, los aeropuertos podrían perder entre 45.000 y 75.000 millones de euros de EBITDA en los próximos 20 años, lo que supondría un importante golpe para el sector.
“Se trata de un cambio profundo con importantes implicaciones para la competitividad, la cohesión y la resiliencia económica de Europa. Significa que, además de seguir centrados en la eficiencia operativa y de costes, los aeropuertos deberán diversificar aún más sus fuentes de ingresos e incrementar los ingresos unitarios, incluidos los procedentes de las tasas de usuario”, señala el líder de la Asociación aeroportuaria europea.
Los resultados financieros están mejorando, pero las presiones financieras siguen persistiendo. En 2025, los aeropuertos europeos obtuvieron un beneficio neto de 11.800 millones de euros, lo que se tradujo en unos ingresos medios de tan solo 4,5 euros por pasajero, mientras que los ingresos totales ascendieron a 63.800 millones de euros, un 10,8% más impulsado sobre todo por la diversificación de las fuentes de ingresos.
En este sentido, los ingresos no aeronáuticos, que incluyen comercio minorista, restauración, bienes raíces, aparcamiento y publicidad, crecieron un notable 14,1%. Por su parte, las presiones inflacionistas provocaron un aumento del 9,2% en los costes totales de los aeropuertos, impulsados principalmente por los costes de capital (+12,4%), lo que está dificultando esta transición.
A esto, se suma que sólo alrededor del 60% de los aeropuertos han recuperado por completo sus volúmenes de pasajeros previos a la pandemia. Los centros regionales más pequeños siguen rezagados significativamente, a la vez que el crecimiento tiende a concentrarse en mercados específicos y menos maduros debido en gran medida a la demanda de viajes de ocio y las aerolíneas ‘low-cost’.
Todo ello dibuja un complejo proceso de recuperación, según Jankovec: «Los aeropuertos han recuperado la rentabilidad, pero lo están haciendo en un entorno operativo mucho más complicado, donde los costes siguen aumentando, los riesgos se multiplican y la rentabilidad de la inversión es cada vez más incierta».
La situación, señala, exige que las autoridades evalúen el desafío que supone esta ‘gran desvinculación’, yendo más allá de la idea de congelar o reducir las tasas y sobre todo considerando a los aeropuertos como infraestructuras estratégicas situadas entre las principales prioridades de Europa: competitividad económica, descarbonización, resiliencia y seguridad.
Las tarifas: en el centro del debate en España
De cara al próximo quinquenio 2027-2031, AENA prevé invertir la cifra récord de 12.888 millones de euros, de los que 9.991 millones corresponden a inversiones reguladas para mejorar fundamentalmente la capacidad de los aeropuertos y garantizar altos estándares de seguridad, calidad y sostenibilidad.
Para ello, el gestor aeroportuario planteó un incremento anual del 3,82% en las tarifas aéreas, lo que provocó un gran revuelo en las aerolíneas y que más tarde fue validado en parte por la CNMC. En concreto, la Comisión ha propuesto una reducción del 0,59%, basándose en una estimación a la baja del coste de capital, una previsión más moderada de los costes operativas y unos niveles de tráfico superiores a los planteados por AENA.
Esta postura fue recibida con agrado por las compañías aéreas, que no obstante plantearon una rebaja superior del 4,9% anual para dicho periodo. El DORA III, que es el Documento de Regulación Aeroportuaria correspondiente para los años 2027-2031, ha de aprobarse por el Consejo de Ministros de manera definitiva antes del próximo 30 de septiembre.