Desde el próximo 1 de junio, todas las aerolíneas deberán emitir sus billetes en formato electrónico, en base al objetivo impuesto por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), de eliminar la emisión de billetes en papel para esa fecha. El proceso de adaptación en España está concluyendo con éxito, ya que el 99,64% del total de billetes emitidos en nuestro país es electrónico", según datos aportados por Amadeus. En este sentido, el director general de Amadeus España, Paul de Villiers, señala que si todavía no se ha alcanzado el 100% es "por la dificultad de gestionar este tipo de pasajes en algunos aeropuertos remotos donde aún no han implantado esta tecnología".
Sólo cuatro aerolíneas aún no emiten en ‘e-ticket’
De las más de 130 compañías aéreas que operan en el mercado doméstico "tan sólo cuatro no emiten billetes en formato electrónico a fecha del mes de marzo", como indica el director general de IATA para España y Portugal, Jean-Charles Odelé. Aunque se trata de "compañías que emiten poco y que ya lo hacen en formato electrónico en otros países, por lo que sólo les faltaría activarlo en España", señala Odelé.
En base a los datos de Amadeus, el 97,08% de los billetes aéreos que se emiten a través de su red son electrónicos, lo que supone un aumento de siete puntos respecto a la cifra registrada hace ahora un año, y que sitúan a España "a la cabeza de Europa en este concepto", según indica Amadeus. A nivel mundial, España ocupa el tercer lugar en implantación de e-ticket, tan sólo precedida por Estados Unidos y China. "Como proveedor preferente de tecnología para billetaje electrónico de IATA, somos conscientes de los notables beneficios que el e-ticket representa para la industria aérea", afirma el director general de Amadeus España.
Aquellas compañías aéreas que, llegado el plazo fijado para la emisión exclusiva en billete electrónico, no hayan implantado la tecnología necesaria, se verán obligadas a continuar realizando la emisión en papel "pero fuera de los circuitos del BSP", sostiene Odelé. Lo que implica perder la ventaja de trabajar con los más de 60.000 agentes IATA acreditados, así como el acceso al sistema de distribución global y responsabilizarse de sus propias emisiones en papel. En pro de su total implantación, desde IATA afirman que todo ello puede traducirse en "un coste adicional" para las agencias de viajes, así como "posibles pérdidas de oportunidades de negocio".








